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Meta no cobra por campaña ni por contacto: cobra por mensaje, y el precio depende de la categoría que le asigne a tu plantilla. Toca cada una.
La categoría no la eliges tú del todo: la propones al crear la plantilla y Meta la confirma o la corrige. Si mandas una promoción disfrazada de utilidad, te la recategorizan — y se cobra como marketing.
Lo que pagas por una campaña son siempre dos cosas distintas, y conviene verlas separadas.
La pone Meta, cambia por país y por categoría, y no la controla ningún proveedor. Es la misma para todos.
Plataforma, entrega, soporte y gestión de tu número oficial. Ya viene incluida en el precio que ves.
Sin costo de alta de plataforma y con el consumo a la vista antes de enviar, no después.
Las tarifas cambian y son distintas en España, Argentina y México. Por eso los números en firme viven en la página de precios, que se sincroniza con la lista de Meta — aquí explicamos el mecanismo, no el importe.
Meta no te deja escribirle a 100.000 personas el primer día. Te da un escalón y te va subiendo según cómo respondan tus clientes. Toca cada escalón.
El límite cuenta clientes distintos a los que inicias conversación en 24 horas, no mensajes totales. Responder a quien te escribió no consume límite.
Meta mide cómo reacciona la gente a tus mensajes y le asigna a tu número una calificación de calidad. Si baja, baja tu límite de envío detrás.
Todo normal. Es el estado desde el que se sube de escalón.
Aviso. Meta ya vio bloqueos o reportes por encima de lo esperable.
Zona de riesgo. Si sigue así, te bajan el límite o te restringen el número.
Toda campaña sale de una plantilla que Meta tiene que aprobar. La revisión suele tardar minutos, y los rechazos casi siempre son por lo mismo.
Es el motivo número uno. Una promoción presentada como utilidad se rechaza o se recategoriza sola.
Empezar o terminar con una variable, poner dos seguidas, o saltear la numeración.
Cada variable necesita un ejemplo real. Sin eso, el revisor no puede entender el mensaje.
Rubros que Meta no permite, promesas de resultados, o pedir datos sensibles por chat.
Acortadores genéricos y dominios sin relación con el negocio verificado.
Errores gruesos, mayúsculas de más o texto que parece plantilla sin terminar.
Un rechazo no te penaliza el número: corriges y vuelves a enviar. Lo que sí penaliza es aprobarla y que después la gente la reporte, porque eso pega en la calidad.
Para escribirle primero a alguien necesitas su permiso. Meta no te pide que lo subas a ningún lado, pero sí que puedas demostrarlo si aparece un reclamo.
El permiso tiene que decir dos cosas: qué negocio te va a escribir y que va a ser por WhatsApp. Un «acepto recibir comunicaciones» a secas no alcanza.
Es la modificación que más va a mover números el año que viene, y conviene tenerla en el radar desde ahora.
Dentro de la ventana de servicio de 24 h, responder no tenía costo — lo escribiera una persona o un bot. Las plantillas de utilidad dentro de esa ventana, tampoco.
Las respuestas de una empresa a un usuario vía WhatsApp se cobran, sean de una persona o de un BOT IA, después de la franquicia de 1.000 mensajes de servicio al mes por número. La tarifa es la de utilidad. Las plantillas de utilidad dentro de la ventana también pasan a cobrarse.
La franquicia se cuenta por mensaje, no por conversación: por eso importa que cada respuesta resuelva, y poder ver cuántos mensajes de servicio lleva cada número en el mes. Las dos cosas se ven en la bandeja compartida.
El constructor de campañas valida los límites de Meta mientras escribes, así no te enteras del problema después de enviar.